Los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) forzaron la apertura del portón de la sede de su propio sindicato en la calle Zamora la noche del 1 de octubre, después de más de nueve horas de marchas y bloqueos de calles en Ciudad de México. Unos 50 trabajadores entraron para exigir la renuncia de Rafael Olivos Hernández, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS), coreando: “Olivos, escucha: la base no está en venta.”
Olivos no apareció por ninguna parte, pero sí lo hizo la policía de Ciudad de México. Los agentes desalojaron a los trabajadores y dejaron apostadas unidades antimotines alrededor del edificio a medianoche.
Ese mismo día, enfermeros, médicos, camilleros, técnicos y jubilados marcharon en al menos 17 estados. En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, entre 2.000 y 2.500 trabajadores de IMSS-Bienestar, miembros del sindicato de trabajadores de la Secretaría de Salud (SNTSA), pararon labores durante 48 horas, cerrando la atención ambulatoria, los laboratorios y las cirugías programadas en las 19 delegaciones locales y más de 100 clínicas rurales. IMSS-Bienestar es el sistema federal al que el Gobierno ha incorporado los servicios de salud de más de 20 estados.
La rebelión enfrenta a los trabajadores de la salud con un aparato sindical que negoció una reducción salarial y ahora vigila lo que dicen, y con el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y el partido Morena. Bajo la presión de la guerra comercial de Washington y del Fondo Monetario Internacional, Sheinbaum está aumentando el gasto en las Fuerzas Armadas y en el servicio de la deuda pública, mientras se dice a los trabajadores hospitalarios que acepten un aumento inferior a la inflación y que trabajen sin gasas ni productos de protección personal. El SNTSS es el instrumento que impone esta política sobre las espaldas de los trabajadores.
Un aumento por debajo de la inflación
La causa inmediata de la rebelión fue el acuerdo salarial aprobado el 11 de septiembre en el 65.º Congreso Nacional Ordinario del SNTSS en Playa del Carmen. La burocracia lo presentó como un aumento “ponderado” del 8,55 por ciento. Solo el 2,9 por ciento se destina al salario tabular, la base para calcular las pensiones. Otro 3,9 por ciento corresponde a una ayuda para renta y el 1,75 por ciento a aportaciones patronales a las cuentas individuales para el retiro de los trabajadores contratados desde 2008.
La inflación anual alcanzó el 3,42 por ciento en la primera mitad de septiembre, lo que convierte en un recorte en términos reales la parte del aumento sobre la que se calculan las pensiones. Los trabajadores exigen un aumento del 10 por ciento al salario tabular. “Nuestro salario no debe ser ponderado, sino dignificado”, decía una pancarta en la marcha del 24 de septiembre en la capital.
El 1,75 por ciento tiene una historia por detrás. En 2008, el SNTSS firmó un acuerdo con el IMSS que excluyó a cada nuevo contratado de la pensión y los colocó en cuentas individuales administradas por una comisión por las Afores, nueve empresas privadas y un administrador público, que están trasladando progresivamente el dinero hacia el capital privado. Después de haber entregado la pensión de cada futuro contratado, el SNTSS ahora cuenta los pagos a estas entidades financieras como parte de un aumento salarial.
El acuerdo fue aprobado en el Congreso del SNTSS por 1.056 votos contra 260. Cuando apareció un video en el que Olivos decía que los críticos del aumento tenían “dos neuronas”, la multitud frente al edificio sindical el 1 de octubre respondió: “La base destituye, la base nombra.”
Las condiciones en los hospitales
En Guadalajara, a finales de septiembre, más de 200 trabajadores de ocho clínicas y hospitales bloquearon el tráfico, diciendo que trabajaban “bajo protesta” sin gasas ni productos de limpieza. En la marcha del 1 de octubre desde el Centro Médico Nacional de Occidente, donde recientemente se informó de la muerte de tres recién nacidos, el jefe de enfermería Salvador Gómez Ríos dijo: “Aquí en Jalisco no tenemos materiales, no tenemos medicamentos.”
En Xalapa, Veracruz, al menos 500 trabajadores de IMSS-Bienestar marcharon el 13 de septiembre, denunciando cirugías suspendidas y pacientes obligados a comprar sus propios materiales. Exigieron la destitución del coordinador estatal, Roberto Ramos Alor, diputado federal de Morena con licencia, quien dijo a los médicos residentes que, si no había suministros, no debían operar.
El 22 de septiembre, Sheinbaum negó que existiera el movimiento. “Lo que ustedes están diciendo, que hay protestas en todo el país, no es cierto”, dijo a los periodistas.
Una ley mordaza y una negociación en la Secretaría de Gobernación
El 13 de septiembre, un Congreso extraordinario del SNTSS añadió el Artículo 136 Bis a los estatutos del sindicato. Los trabajadores lo llaman ley mordaza porque los expone a medidas disciplinarias por denunciar públicamente la escasez de insumos, que la burocracia califica como “difamación pública no verificada”. En Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, la auxiliar de enfermería Selene Fuentes Celaya dijo que representantes sindicales llamaron por teléfono a los trabajadores para amenazarlos con represalias si marchaban: “Encima de eso, quieren silenciarnos.”
Esa noche, con la policía todavía alrededor del edificio, representantes sindicales y los manifestantes firmaron un memorando que puso fin a los bloqueos y fijó el 8 de octubre para el inicio de negociaciones mediadas por la Secretaría de Gobernación. El sindicato estableció que se celebraría una elección de 37 delegados de trabajadores en activo y un jubilado con voz pero sin voto, aunque las pensiones están en disputa. Nadie sería sancionado en virtud del Artículo 136 Bis por protestar, pero el artículo permanece. Los disidentes solo tuvieron dos días para nombrar a delegados a nivel nacional; el 4 de octubre el sindicato dijo que no tenía ninguna lista y que informaría a la Secretaría de Gobernación. Los grupos de base dicen que marcharán el 9 de octubre de todos modos.
El 5 de octubre, Olivos anunció una votación nacional para el 14 de octubre, defendiendo ahora el acuerdo como un aumento del 6,8 por ciento en lugar del 8,55 por ciento. El sindicato borró el video en cuestión de minutos y solo lo restableció después de que los trabajadores lo volvieran a publicar.
Estas votaciones proceden de la reforma laboral de 2019, aprobada bajo presión de Washington durante la renegociación del TLCAN y vendida por Morena como una “democratización” sindical. La burocracia redacta la pregunta y controla el padrón, el Gobierno que media en el conflicto certifica el resultado y los jubilados, cuyas pensiones están en juego, no tienen derecho a voto.
Washington, el FMI y el precedente de la pandemia
El impulso para mantener bajos los salarios en México forma parte de una ofensiva mundial contra la clase trabajadora. El 1 de julio, Washington se negó a extender el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en su revisión conjunta obligatoria, dejando el acceso de México al mercado estadounidense sujeto a revisiones anuales que podrían prolongarse hasta 2036. Mientras tanto, México se ha alineado con la guerra comercial de Washington contra Beijing, imponiendo desde el 1 de enero aranceles de hasta el 50 por ciento a 1.463 fracciones arancelarias de China y otros países sin acuerdos comerciales.
El presupuesto de Sheinbaum para 2027, enviado al Congreso el 8 de septiembre, asigna 1,575 billones de pesos al servicio de la deuda pública, el 15 por ciento de todo el gasto federal. Las secretarías de Marina y Defensa obtienen los mayores aumentos porcentuales de cualquier dependencia. El presupuesto de la Marina aumenta casi un 20 por ciento después de la inflación. El 2 de octubre, el FMI instó al Gobierno a considerar una consolidación fiscal más ambiciosa y rápida para reducir la deuda.
Morena ya ha demostrado cuáles demandas prioriza. En marzo de 2020, cuando comenzó la pandemia del COVID-19, los trabajadores del IMSS protestaron en al menos ocho estados por la falta de equipo de protección, coreando: “¡Queremos material!” El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) desestimó esas protestas como obra de sus opositores. En abril de ese año, cuando trabajadores de las maquiladoras abandonaron el trabajo por las infecciones, el embajador estadounidense Christopher Landau hizo campaña para reabrir las plantas que abastecían a la industria estadounidense, afirmando despreocupadamente que “hay riesgos en todas partes”. El 12 de mayo, bajo esta presión, el Consejo de Salubridad General declaró “actividades esenciales” la fabricación de automóviles, la minería y la construcción.
Para septiembre de 2020, según Amnistía Internacional, al menos 1.320 trabajadores mexicanos de la salud habían muerto de COVID-19, la cifra más alta conocida de cualquier país. Sheinbaum gobernó Ciudad de México durante toda la peor fase de la pandemia. Entonces como ahora, Morena colocó las ganancias corporativas y las exigencias de Washington por encima de las vidas de los trabajadores que sostienen los hospitales.
Callejones sin salida
El 24 de septiembre, Alejandro Moreno, presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), declaró su apoyo a las protestas. Pero el PRI construyó el sistema de sindicatos charros controlados por el Estado durante siete décadas en el poder, y el SNTSS creció dentro de él.
Los grupos disidentes junto a los sindicatos oficiales no ofrecen ninguna alternativa. La Asamblea Nacional de Trabajadores de la Salud, que ayudó a convocar el paro del 1 de octubre, comenzó solicitando negociaciones con Sheinbaum en 2024 y el 4 de octubre dijo a sus 31.000 seguidores en Facebook: “Tenemos el Gobierno y las políticas públicas que nos merecemos como mexicanos.” FINTRAS, un sindicato registrado ante el tribunal laboral federal, se presenta como la alternativa independiente y anti-charro, pero ofrece un nuevo sindicato certificado por el mismo Estado.
En Matamoros, en 2019, decenas de miles de trabajadores de maquiladoras se organizaron en asambleas masivas, hicieron huelga desafiando a su sindicato y obligaron a 89 plantas a conceder un aumento del 20 por ciento y un bono de 32.000 pesos. Las empresas despidieron al menos a 4.000 trabajadores. La abogada Susana Prieto Terrazas, quien dijo a los huelguistas que apoyaran a Morena, los encauzó hacia un nuevo sindicato “independiente”, SNITIS, y para 2021 ocupaba un escaño en el Congreso por Morena.
El camino a seguir
La rebelión del 1 de octubre ya ha obligado al SNTSS a retroceder respecto del Artículo 136 Bis, una concesión cuya duración depende únicamente de la organización independiente que la haga cumplir. Los trabajadores del IMSS deben formar comités de base en cada hospital, clínica y departamento, independientes del SNTSS, del SNTSA y de todos los partidos capitalistas, incluidos Morena y el PRI, con delegados elegidos en asambleas laborales y sujetos a revocación.
Sus demandas deberían incluir un aumento por encima de la inflación e indexado a ella, dotación completa de personal y suministros, la restauración de la pensión de beneficio definido para todos los trabajadores, la derogación del Artículo 136 Bis y la apertura de los libros contables del sindicato. Organizarían un voto por el NO el 14 de octubre con sus propios observadores en las casillas, y unirían a los trabajadores del IMSS con los de IMSS-Bienestar, el ISSSTE y la Secretaría de Salud, activos y jubilados.
Los trabajadores de la salud en todas partes enfrentan salarios erosionados por la inflación y salas con falta de personal. En Nueva York, las enfermeras construyeron un comité de base porque su sindicato, NYSNA (Asociación de Enfermeras del Estado de Nueva York), al igual que el SNTSS, existe para negociar concesiones y vigilar a sus miembros.
En México, la lucha por salarios dignos y hospitales seguros choca directamente con un Gobierno que responde ante Washington y los mercados financieros. Requiere un programa socialista y la unidad de los trabajadores de la salud a través de las fronteras y a nivel internacional. La Alianza Internacional Obrera de Comités de Base (AIO-CB) fue fundada para construir esa unidad.
El World Socialist Web Site insta a los trabajadores del IMSS e IMSS-Bienestar que quieran construir estos comités a ponerse en contacto con nosotros.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 08/10/2026)
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