El Partido Socialista por la Igualdad (Sozialistische Gleichheitspartei; SGP) obtuvo 716 votos en las elecciones estatales de Berlín celebradas el 20 de septiembre. Es una cifra superior a la de las dos elecciones anteriores, pero no tiene ningún peso en términos de aritmética electoral. Desde las elecciones, se nos ha preguntado en repetidas ocasiones cómo evaluamos este resultado, por lo que queremos exponer nuestra postura al respecto en términos de principio.
Como marxistas, sabemos que el futuro de la sociedad y la solución a sus grandes problemas no se decidirán en el parlamento, sino en la lucha de clases. No somos un partido parlamentario, sino un partido revolucionario. Estamos construyendo el liderazgo político que la clase trabajadora necesita para derrocar la dictadura de la aristocracia financiera y todo el sistema capitalista de ganancias.
Utilizamos las elecciones y los escaños que podamos ganar como plataforma para la lucha de clases. Por eso colocamos la lucha contra la locura de la guerra, los ataques sociales y los despidos masivos en el centro de nuestra campaña electoral. En nuestra declaración sobre las elecciones de Berlín escribimos:
La guerra y el militarismo no pueden combatirse mediante llamamientos pacifistas a los belicistas, sino solo despojándolos de su poder. La política de guerra no es simplemente el resultado de decisiones erróneas de políticos individuales. Se deriva de la profunda crisis del capitalismo, que, al igual que en el siglo XX, está conduciendo una vez más a la guerra y la barbarie.
Los trabajadores no tienen nada que ganar con la guerra, pero sí todo que perder. Por lo tanto, nos oponemos al creciente nacionalismo y a la guerra mediante la unidad internacional de la clase trabajadora. En lugar de dejarse enfrentar unos contra otros y dispararse entre sí, los trabajadores deben unirse más allá de todas las fronteras en la lucha contra el capitalismo.
Justo al inicio de la campaña electoral, llegaron noticias desde Mykolaiv de que nuestro compañero Bogdan Syrotiuk había sido condenado a 15 años de prisión por defender precisamente esta perspectiva en artículos que había escrito para el World Socialist Web Site, en los que rechazaba la guerra y criticaba la glorificación de los colaboradores nazis. De inmediato vinculamos nuestra campaña electoral a la lucha por su libertad, porque su caso puso de relieve todas las cuestiones centrales de las elecciones: el carácter reaccionario de la guerra de la OTAN, la conexión entre la guerra y los ataques a los derechos democráticos, y la única perspectiva viable con la que se puede detener la locura de la guerra.
El 1 de septiembre, exactamente 87 años después de la invasión de Polonia por parte de Hitler, el gobierno alemán acusó a Rusia de un intento de ataque terrorista en Leipzig, sin presentar ninguna evidencia verificable. Cerró la Casa de Rusia y el Consulado General en Bonn, rompiendo los últimos puentes culturales y diplomáticos. El SGP publicó de inmediato declaraciones y videos, y abordó estas cuestiones en su manifestación central por la libertad de Bogdan Syrotiuk frente a la Puerta de Brandeburgo el 6 de septiembre.
Ese mismo día se celebraron elecciones en Sajonia-Anhalt, en las que el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el 43,8 por ciento de los votos y podría decidir quién será el próximo gobernador del estado. Respondimos esa misma noche con una declaración inicial y dejamos claro que la principal responsabilidad de este éxito electoral recae en los socialdemócratas (SPD), los Verdes, el Partido de Izquierda (Die Linke) y los sindicatos, que bloquean toda salida progresista a la crisis y reprimen la resistencia de los trabajadores.
La AfD no cayó del cielo, sino que es la expresión más aguda del giro hacia la derecha de todos los partidos del establishment. Fue creada deliberadamente para imponer la política de guerra y recortes con la máxima brutalidad y mediante métodos fascistas. “La AfD no puede ser detenida mediante una alianza con los partidos que le allanaron el camino”, declaramos en un folleto. “La AfD solo puede ser detenida mediante una ofensiva independiente de la clase trabajadora, dirigida contra la guerra, los recortes sociales y su causa subyacente: el capitalismo”.
Sobre esta base, nos opusimos enérgicamente al Partido de Izquierda, que se presentó en la campaña electoral estatal de Berlín como una alternativa social. Describimos la historia y el historial de un partido que ya había organizado la restauración del capitalismo en Alemania Oriental, impulsado los ataques sociales más severos en Berlín y, finalmente, votado en la cámara alta del parlamento federal a favor del programa de rearmamento de un billón de euros. Demostramos que el Partido de Izquierda persigue esta agenda de derecha porque defiende el capitalismo, el cual está conduciendo una vez más al fascismo y a la guerra.
En los miles de debates que mantuvimos durante la campaña, nos encontramos con muchos trabajadores y jóvenes que querían votar por el Partido de Izquierda, pero también descubrimos que muy pocos de ellos creían que esto realmente cambiaría algo. Nuestra postura respecto al Partido de Izquierda, por el contrario, tuvo una gran acogida. Un video en el que nuestro candidato Andy Niklaus polemizaba contra el Partido de Izquierda y explicaba estas cuestiones obtuvo más de 800.000 visualizaciones y recibió más de 42.000 «me gusta» y casi 2.000 comentarios.
Otros videos sobre la escalada de la política bélica, el genocidio en Gaza y el auge de la AfD también alcanzaron una audiencia enorme. En total, nuestros videos fueron vistos más de 2 millones de veces durante la campaña, con más de 100.000 «me gusta» y más de 10.000 comentarios. Experimentamos una respuesta similar en las numerosas mesas informativas que organizamos, en nuestros mítines y en las visitas puerta a puerta. El rechazo a la política de guerra y la indignación hacia todos los partidos estuvieron siempre presentes.
Esta respuesta tiene una gran importancia política y apunta a un cambio objetivo en la lucha de clases. David North explicó este cambio en el congreso de agosto del Partido Socialista por la Igualdad (SEP) en Estados Unidos:
La propagación metastásica de la guerra imperialista encuentra su antípoda dialéctica en la expansión global de la lucha de clases. Su crecimiento avanza, en el término que Trotsky aplicó a la maduración de la conciencia revolucionaria, de manera molecular, bajo la superficie de la política oficial, en millones de experiencias individuales de explotación, guerra y violencia de Estado que se acumulan en silencio hasta que encuentran expresión colectiva con una fuerza que toma por sorpresa a todos los gobiernos. Donde la guerra divide al mundo en frentes, la lucha de clases lo une.
Esta misma etapa de desarrollo de la lucha de clases también se refleja en el resultado electoral. En un contexto de enorme indignación ante los recortes y la guerra, y de un crecimiento gradual de la lucha de clases, obtenemos una gran respuesta, pero aún así ganamos pocos votos. El voto a favor del partido revolucionario sigue siendo limitado porque la lucha de clases aún no ha adoptado formas abiertas y colectivas: todavía no hay manifestaciones ni huelgas masivas, ni ocupaciones de lugares de trabajo.
La brecha entre la respuesta y el resultado electoral refleja la brecha objetiva entre la situación extremadamente grave —la escalada despiadada de la guerra y los ataques sociales históricos— y la conciencia política de la clase trabajadora. Aunque el rechazo a la guerra y a las políticas que favorecen a los ricos está muy extendido, falta una comprensión política de este desarrollo y una perspectiva socialista. En estas circunstancias, predominaron las cuestiones de táctica electoral, junto con la esperanza de que aún se pudieran lograr cambios a través de giros parlamentarios. Esta actitud se refleja en la victoria electoral del Partido de Izquierda en Berlín, pero también en los altos resultados obtenidos por la AfD. Las luchas de clase abiertas pondrían rápidamente al descubierto el carácter de clase de estas tendencias.
Y estas luchas se están desarrollando. En Francia, los estudiantes están ocupando sus escuelas, los trabajadores del sector público están en huelga y a diario se llevan a cabo protestas masivas contra los recortes. La clase dominante está reaccionando con gran nerviosismo y está actuando con la máxima brutalidad contra los estudiantes. Al mismo tiempo, está intensificando el conflicto con la potencia nuclear Rusia hasta un grado extremo y se está rearmando a una escala nunca vista desde la Segunda Guerra Mundial. El gobierno alemán sigue anunciando nuevos paquetes de austeridad y, tras la masacre laboral en la que se eliminaron 75 000 puestos de trabajo, Volkswagen ha anunciado recortes salariales masivos.
En estas condiciones, los análisis y las perspectivas por los que luchó el SGP en las elecciones estatales de Berlín revisten la mayor importancia. Hemos aclarado las cuestiones políticas que son decisivas en la crisis actual: que la guerra no se puede detener con llamamientos a los belicistas, sino solo despojando a la clase dominante de su poder; que la AfD no se puede detener mediante alianzas con los partidos que le allanaron el camino, sino solo mediante la movilización independiente de la clase trabajadora; y que el Partido de Izquierda no es una alternativa al capitalismo, sino su apoyo de izquierda. Estas aclaraciones no son cuestiones académicas. Son la condición previa para que la creciente indignación contra la guerra y los recortes sociales encuentre una expresión política que amenace genuinamente a la clase dominante, en lugar de ser desviada hacia los callejones sin salida del Partido de Izquierda o la AfD.
Los bolcheviques también contaban con un número muy modesto de seguidores antes de la revolución. En los años previos a 1917, el Partido Bolchevique era una organización pequeña, a menudo aislada, perseguida y calumniada por el movimiento obrero oficial. Lo decisivo no fue su fuerza numérica, sino que Lenin y Trotsky habían librado las luchas decisivas contra el oportunismo de la Segunda Internacional, que en 1914 se alineó detrás de sus propias burguesías; contra la orientación nacionalista que empujó a la clase trabajadora a las trincheras de la guerra imperialista; y a favor de la revolución permanente, la única que abrió la perspectiva de la conquista del poder por parte de la clase trabajadora.
Precisamente porque habían librado estas luchas y aclarado las cuestiones políticas, sentaron las bases para ganarse a la mayoría de la clase trabajadora cuando la revolución llegó a su punto álgido. La historia de la Cuarta Internacional es la continuación precisamente de esta lucha: la aclaración de las cuestiones políticas, contra el oportunismo en todas sus formas, por la unidad internacional de la clase trabajadora y por la revolución socialista mundial.
Desde este punto de vista, continuaremos la importante labor de la campaña electoral e intervendremos sobre esta base. Para nosotros, la lucha política no termina la noche de las elecciones. La elección fue un momento dentro de un proceso mucho más amplio: la construcción del partido revolucionario que la clase trabajadora necesita para liderar las luchas que ahora están madurando. Ahora es crucial construir el SGP —en los lugares de trabajo, en las escuelas y universidades, y en los barrios—.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 04 de octubre de 2026)
