En una comunicación oficial dirigida a la Cámara de Diputados, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil (Itamaraty) reconoció oficialmente que la designación de las pandillas brasileñas Primer Comando Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV) como “organizaciones terroristas extranjeras” por parte de la administración de Trump aumenta la amenaza de una agresión militar de Estados Unidos contra Brasil.
El documento, firmado por el ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, se presentó en respuesta a una solicitud de información del congresista de extrema derecha Evair Vieira de Melo (Republicanos-ES). Se hizo público la semana pasada. Su lenguaje es directo: “Esta clasificación unilateral podría invocarse como justificación para acciones extraterritoriales contra instituciones brasileñas, particularmente en los ámbitos financiero, migratorio y penal. Además, existe el riesgo de que se utilice la fuerza militar estadounidense contra el territorio nacional”.
Al ser preguntado por GloboNews sobre el fundamento de estas declaraciones, el Ministerio de Relaciones Exteriores respondió que el ministro “se basó en episodios recientes en la región, como los casos de Venezuela, Cuba y Colombia: en enero, una operación militar estadounidense en Caracas condujo a la detención del entonces presidente Nicolás Maduro. En esa ocasión, la capital venezolana fue bombardeada; en octubre pasado, Estados Unidos atacó embarcaciones frente a la costa colombiana, alegando que eran operadas por presuntos narcotraficantes; y Trump dijo recientemente que Cuba ‘es la siguiente’ cuando se le preguntó sobre los ataques de Estados Unidos contra Iran”.
Estas declaraciones tienen profundas implicaciones políticas. Por primera vez, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores —PT—) reconoce expresamente la amenaza que había estado implícita desde el inicio mismo de la escalada de las provocaciones imperialistas de Trump contra Brasil.
En agosto de 2025, cuando Washington impuso aranceles del 50 por ciento y declaró una “emergencia nacional” contra Brasil, el World Socialist Web Site describió las medidas como “una escalada sin precedentes de la agresión imperialista estadounidense contra América Latina”, redactada “como una declaración de guerra contra un país enemigo”. El WSWS comparó las “medidas belicosas que se están tomando contra Brasil” con la “declaración de una ‘emergencia nacional’ contra Venezuela realizada por la administración de Obama exactamente 10 años antes”, lo cual sugería que “se está contemplando una intervención más directa, incluso por medios militares”.
Durante todo el período transcurrido desde entonces, el gobierno brasileño se ha dedicado a encubrir y restar importancia a la inminente amenaza imperialista. A principios de mayo de este año, Lula visitó la Casa Blanca y, tras restar importancia a los ataques de Washington contra Venezuela, Cuba e Irán, declaró con complacencia: “A Trump le gusta Brasil” y “no tendrá influencia alguna en las elecciones brasileñas”.
Washington anunció la designación de las organizaciones criminales brasileñas como Organizaciones Terroristas Extranjeras el 28 de mayo, menos de un mes después de la visita de Lula y apenas dos días después de que el senador y precandidato presidencial fascista Flávio Bolsonaro se reuniera con Trump en el Despacho Oval. En la cumbre del G7 en Évian-les-Bains el 17 de junio, Trump declaró sobre Brasil: “Se ha convertido en un país un poco difícil, políticamente. Un poco peligroso, políticamente. Es un poco desagradable”.
El hecho de que el cuerpo diplomático brasileño anuncie ahora que la amenaza es real, lejos de representar un giro antiimperialista, es una muestra del agravamiento de las tensiones políticas en todo el continente y de la situación desesperada en la que se encuentra el propio gobierno de Lula.
La declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores fue recibida con furia por parte de la oposición fascista de Brasil y del propio gobierno de Estados Unidos.
Una fuente del Departamento de Estado calificó la advertencia del ministro de Relaciones Exteriores de “absurda” y declaró al periódico O Globo que las “acusaciones vagas” de una supuesta intervención tienden a “servir de pretexto para ayudar y dar cobertura a algunos de los grupos más violentos del mundo”. Calificar de “absurdo” el riesgo de una acción militar seis meses después del bombardeo de Caracas y el secuestro del presidente venezolano es una declaración cuyo cinismo habla por sí solo.
En el Congreso, la oposición fascistoide respondió alineándose abiertamente con Washington en contra del propio Ministerio de Relaciones Exteriores de su país. Como reacción directa a la declaración de Vieira, la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional de la Cámara de Diputados aprobó, el 8 de julio, su citación obligatoria para comparecer. El líder de la oposición, el diputado Cabo Gilberto Silva (PL-PB), explicó: “Esta solicitud se basa en hechos nuevos, en declaraciones graves, desafortunadas y oportunistas del ministro que representa al presidente Lula en el extranjero. Aquí no hay nada que ver con un ataque a la soberanía. Esto es una tontería del gobierno de Lula. Tenemos una población que vive bajo el dominio del narcotráfico”.
En el Senado, la Comisión de Relaciones Exteriores aprobó el día anterior una invitación para que compareciera el ministro de Relaciones Exteriores, propuesta por el senador Hamilton Mourão (Republicanos-RS), un general de la Reserva del Ejército y exvicepresidente de Jair Bolsonaro. Su justificación merece atención: “Me gustaría saber de dónde obtuvo los datos para una declaración de esta gravedad. A pesar de [las recientes intervenciones militares], llama la atención dada la relación que tenemos con Estados Unidos, incluso en el ámbito militar”.
La declaración de Mourão pone al descubierto el hecho de que el establishment militar brasileño cultiva su propio eje de relaciones con el imperialismo estadounidense, por encima e independientemente del gobierno civil. Hace cuatro años, las Fuerzas Armadas estaban divididas sobre si respaldar el intento de golpe de Estado fascista liderado por Bolsonaro. Un factor decisivo fue la desaprueba reportada desde Washington —cuyos funcionarios se reunieron con comandantes militares brasileños para disuadirlos de la aventura golpista que culminó con el ataque del 8 de enero de 2023 en Brasilia—. Es este mismo establishment militar el que hoy considera escandaloso que la diplomacia brasileña denomine a las amenazas criminales del imperialismo estadounidense como lo que son.
El ministro de Defensa de Brasil se reúne con un funcionario del Pentágono en Lima
El ministro de Defensa de Brasil, José Múcio, viajó el martes a Cusco, Perú, para asistir a la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA). El evento central en la agenda de Múcio fue una reunión bilateral con el subsecretario de Guerra de EE. UU., Elbridge Colby. Según O Globo, el objetivo declarado de la reunión era “crear un clima de paz con Estados Unidos” y establecer “un canal permanente de diálogo” con el Departamento de Guerra de Trump.
El mensaje que el ministro de Defensa de Lula llevó a la reunión difiere marcadamente de la advertencia de Itamaraty. O Globo informó que la propia evaluación del Ministerio de Defensa es que “no hay riesgo de acción militar” por parte de Estados Unidos contra Brasil.
El viaje de Múcio a Perú se produce tras sus recientes visitas a Argentina y Chile —gobernadas, respectivamente, por Javier Milei y Antono Kast, dos de los gobiernos más reaccionarios y alineados con Estados Unidos de la región— en lo que parece una especie de gira diplomático-militar. La CMDA se lleva a cabo en Perú días después de que Keiko Fujimori —hija del exdictador Alberto Fujimori— fuera proclamada presidenta electa, y tras la victoria del abogado fascista Abelardo de la Espriella en las elecciones de Colombia. Con Fujimori y de la Espriella ahora a bordo, la mayoría de los gobiernos de la región están formalmente alineados con el “Escudo de las Américas” de Trump.
Dirigiéndose a los ministros de Defensa latinoamericanos reunidos en Lima, Colby expuso la doctrina de Washington:
Ya no separamos la estrategia de defensa de Estados Unidos de las preocupaciones de los estadounidenses comunes y corrientes —ni de la avalancha de drogas letales que inundan sus comunidades y la horrible violencia que las acompaña, ni del impacto de la migración ilegal descontrolada hacia nuestra nación—. […] La mejor tradición de la Doctrina Monroe consiste en proteger nuestra propia seguridad e intereses empoderando y capacitando a las naciones latinoamericanas.
Colby exigió además que los países de la región aumentaran su gasto en defensa al 3,5 por ciento del PIB y “protegieran sus activos críticos” de actores externos —una referencia transparente a China, ya que reducir su considerable influencia económica en la región es el objetivo estratégico central de la ofensiva de Washington.
Fue con este programa que Múcio acudió a negociar. Según un comunicado del Ministerio de Defensa, su reunión bilateral con Colby el miércoles “se desarrolló en un clima de cordialidad y convergencia de puntos de vista”. El comunicado continúa: “Entre otros temas, Estados Unidos planteó la cuestión de la cooperación en la lucha contra el narcotráfico [...]. Estados Unidos señaló que está buscando socios en el continente para trabajar en esta lucha y afirmó que considera a Brasil como un gran socio potencial. El ministro José Múcio expresó interés en la asociación”.
Días después de que el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil advirtiera oficialmente que el marco de “narcoterrorismo” de Washington conlleva el riesgo de que se utilice la fuerza militar estadounidense contra el territorio nacional, el ministro de Defensa declara una “convergencia de puntos de vista” con el Pentágono y “interés” en convertir a Brasil en un socio dentro de ese mismo marco.
El viaje de Múcio no es una aberración individual, ni una simple “diferencia de valoración” entre ministerios. Es la expresión concentrada del carácter del gobierno de Lula. Múcio fue nombrado ministro de Defensa en 2023 precisamente como el operador civil de la conciliación con los cuarteles —con las mismas fuerzas armadas que prepararon el intento de golpe de Estado del 8 de enero y que, como atestigua la declaración de Mourão, mantienen su propio eje independiente de relaciones con Washington, al margen del gobierno que formalmente las comanda. Esta política de conciliación con los militares golpistas y con el imperialismo estadounidense está siendo puesta a prueba ahora por las elecciones presidenciales en curso en Brasil: las condiciones de crisis que en 2022 culminaron en el intento de golpe fascista no han hecho más que agravarse, ahora ante la intervención abierta de Washington en la política brasileña.
La lucha contra la violencia imperialista de EE. UU. contra Brasil no vendrá de Lula ni del PT, ni de ninguna facción de la burguesía brasileña. Requiere la movilización política independiente de la clase trabajadora brasileña, en unidad con los trabajadores de Estados Unidos y de toda América Latina, contra la guerra imperialista y el sistema capitalista que la engendra. Esta es la perspectiva por la que lucha el Grupo por la Igualdad Socialista (GSI), en solidaridad política con el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de julio de 2026)
