El estrangulamiento deliberado de la economía cubana por parte del Gobierno de Trump ha creado una catástrofe humanitaria que podría conducir a muertes masivas comparables al genocidio de Gaza, sin las bombas.
La designación de la Casa Blanca de Cuba como una 'amenaza extraordinaria' a la seguridad nacional de Estados Unidos el 29 de enero ha puesto en marcha una operación de cambio de régimen que utiliza unilateralmente el hambre, la enfermedad y el colapso social como armas contra toda una población. Se trata de un castigo colectivo contra un país entero, prohibido por el derecho internacional.
El endurecimiento del bloqueo ilegal de décadas de Estados Unidos, combinado con sanciones secundarias y amenazas arancelarias contra terceros países que suministren combustible y bienes, ha llevado las condiciones de vida al límite.
La infraestructura social se está desintegrando. El País informa de una escasez del 70 por ciento de medicamentos básicos, y estima que la proporción médico-paciente se ha deteriorado de uno por cada 350 habitantes en la década de 1980 a aproximadamente uno por cada 1.500 en la actualidad.
El dengue, la chikungunya y otras enfermedades respiratorias y transmitidas por mosquitos se están propagando rápidamente, exacerbadas por el agua estancada, la basura no recolectada y los apagones que afectan la refrigeración, las clínicas y las bombas de agua. Las imágenes satelitales muestran que la disponibilidad de energía ya estaba aproximadamente un 50 por ciento por debajo de lo normal en enero. Ahora, los informes indican que más del 60 por ciento de la isla pasa la mayor parte del día sin electricidad.
Las universidades se han visto obligadas a cerrar o recortar sus operaciones a medida que se recortan las becas y los campus se apagan. Muchas escuelas primarias y secundarias también han cerrado por completo.
Las familias pasan días enteros haciendo cola para gas de cocina, combustible o algunos alimentos básicos escasos, en lugar de trabajar o estudiar.
Los analistas estimaron que el país tenía solo 15–20 días de reservas de combustible. Eso fue hace tres semanas. Las medidas de emergencia lo han ampliado temporalmente: una jornada laboral de cuatro horas en muchas instituciones estatales, límites drásticos al transporte interprovincial y fuertes reducciones en las operaciones hoteleras y turísticas. Pero estas son medidas provisionales.
Salvo una reversión repentina de la política estadounidense o una ayuda externa masiva, la economía de la isla se enfrenta a un cierre efectivo.
El lunes, Trump declaró cínicamente que 'Cuba es ahora una nación fallida', jactándose de que la isla 'se ha quedado sin combustible para aviones' y agregando que el secretario de Estado Marco Rubio 'está hablando con Cuba en este momento'. Concluyó: 'Deben llegar a un acuerdo porque realmente es una amenaza humanitaria'.
La lógica de gánster es inconfundible: Washington crea la 'amenaza' a través del estrangulamiento, luego exige 'negociaciones' en sus propios términos para evitar una catástrofe aún mayor.
El desastre humanitario está ocurriendo en una sociedad ya golpeada por años de crisis. Un grupo de oposición financiado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, estimó el año pasado que el 89 por ciento de los cubanos viven en la pobreza 'extrema'. Se cree que la población ha disminuido de alrededor de 11 millones a 8,5 millones durante los primeros cuatro años de la pandemia de COVID-19 debido a la emigración récord, mientras que el PIB se mantiene aproximadamente un 15 por ciento por debajo de su nivel de 2018.
Una vez, Cuba fue el único país latinoamericano que UNICEF reconoció que había eliminado efectivamente la desnutrición infantil; ahora, el hambre se ha vuelto generalizada.
Un profesor universitario que esperaba para recoger a su hija de la escuela le dijo al corresponsal del Financial Times Michael Stott:
“Ayer le pregunté qué había aprendido. Su respuesta fue: ‘Papá, tengo hambre’'. La última pieza de pollo de la familia se había echado a perder debido a los cortes de energía; como muchos vecinos, se vio obligado a pedir dinero a los visitantes extranjeros para alimentar a su familia.
Mientras tanto, en un informe separado, el FT señala que sectores de la emergente burguesía cubana y de la clase media alta siguen viviendo con relativa comodidad. Los propietarios de restaurantes privados, hoteles boutique y empresas de importación y exportación mantienen las luces encendidas con generadores y paneles solares importados, sirven carne de res Kobe de primera calidad y foie gras francés, y conducen nuevos vehículos híbridos o eléctricos que cuestan hasta €45.000.
Pueden aprovechar las lagunas del embargo estadounidense y acceder a divisas: las exportaciones estadounidenses de artículos formalmente exentos del embargo, principalmente alimentos y bienes selectos, alcanzaron los $444 millones en los primeros 11 meses de 2025, un 13 por ciento más que el año anterior.
Por el contrario, la mayoría de los cubanos de clase trabajadora dependen de las tiendas de racionamiento estatales con inventarios colapsados, caminan largas distancias al trabajo o pasan horas buscando cualquier alimento o combustible que puedan encontrar, y luego soportan noches de insomnio en hogares oscuros.
Las capas privilegiadas, algunas arraigadas en familias prerrevolucionarias cuya propiedad nunca fue completamente expropiada, otras extraídas de la burocracia y la nueva pequeña burguesía de los pequeños empleadores, han expandido enormemente sus operaciones en las últimas tres décadas, especialmente desde el 'período especial' de la década de 1990 y la apertura postsoviética al capital extranjero. También son la base social sobre la que Washington está apostando para instalar un régimen abiertamente subordinado al capital financiero estadounidense.
Charlas secretas y la búsqueda de un títere
En medio de la crisis, el gobierno cubano ha obtenido un alivio limitado. México, mientras recorta los envíos normales de petróleo, ha enviado dos barcos de la marina con alrededor de 800 toneladas de ayuda humanitaria; Chile y la Unión Europea han prometido una asistencia modesta. El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, ha recorrido China, Vietnam y España para solicitar ayuda, asegurando promesas de envíos adicionales de alimentos y medicamentos. Pero estos no pueden reemplazar remotamente el impacto estructural de las sanciones estadounidenses sobre el combustible, el transporte marítimo y las finanzas.
Entre bastidores, el Gobierno de Trump está cultivando su propia figura de 'transición' en el seno de la familia Castro.
Medios estadounidenses informan que el secretario de Estado Marco Rubio ha mantenido conversaciones secretas con Guillermo “Raulito” Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, de 94 años, dejando de lado los canales oficiales. Washington considera al anciano Raúl, y no al presidente Miguel Díaz-Canel, la verdadera figura en el poder.
'Nuestra posición, la posición del gobierno de Estados Unidos, es que el régimen tiene que irse', dijo un alto funcionario a Axios. 'Pero la manera exacta depende de [Trump] y él aún tiene que decidir. Rubio todavía está en conversaciones con el nieto'.
Según otras fuentes oficiales estadounidenses, 'Raulito podría haber salido directamente de Hialeah' en el condado de Miami-Dade; 'podría verse como una conversación entre tipos comunes en las calles de Miami'.
En respuesta al informe de Axios, el gobierno cubano insistió en que 'no hay diálogo de alto nivel' con Estados Unidos, y 'ni siquiera diálogo a nivel intermedio', y agregó que solo quedan los intercambios habituales de bajo nivel.
Si es cierto que el nieto de Castro, en lugar de la cúpula formal, está siendo cortejado, sería una señal de la profundización de las fracturas dentro del aparato estatal. La semana pasada, Díaz-Canel, bajo una creciente presión, declaró en una inusual rueda de prensa que estaba listo para conversaciones con Washington por beneficio mutuo.
El panorama emergente es de facciones rivales de la élite gobernante que compiten por ofrecerse como el conducto preferido del imperialismo estadounidense. Si bien este conflicto podría volverse violento, para la élite gobernante cubana en su conjunto, el desastre actual no solo es visto como una amenaza sino como una oportunidad: una oportunidad para imponer medidas masivas de terapia de choque (privatizaciones, despidos masivos, venta masiva de propiedad estatal) para restaurar la rentabilidad del capital internacional, ofreciendo a Cuba como una plataforma de mano de obra barata y asegurando su propia riqueza y privilegios.
Esta trayectoria tiene raíces que se remontan a los orígenes del gobierno de Castro. Cuatro meses después de tomar el poder en 1959, Fidel Castro insistió: “Hemos declarado binen claramente que no somos comunistas. Las puertas están abiertas a inversiones privadas que contribuyan al desarrollo de la industria en Cuba. Es absolutamente imposible para nosotros progresar si no llegamos a un entendimiento con los Estados Unidos'.
El embargo estadounidense obligó a La Habana a buscar ayuda de la URSS y a colocar grandes sectores de la economía bajo la propiedad estatal; sin embargo, la orientación hacia un acuerdo con el imperialismo estadounidense y la preservación de un Estado capitalista y la explotación de clase sobre la clase trabajadora nunca desaparecieron.
Después del colapso de la URSS, este curso se aceleró. En 1998, el ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Robaina, celebró 'una apertura económica con plenas garantías para los inversores extranjeros', presumiendo de acuerdos con Mitsubishi Motors, Castrol, Unilever, Sherritt Gordon, Grupo Sol, Total, Meliá Hotels, Domos, ING Bank, Rolex, DHL, Lloyds, Canon, Bayer y otros. El resultado fue el crecimiento de una capa burguesa nacional, dependiente del capital extranjero y sostenida por la dura explotación y la represión policial estatal de los trabajadores cubanos.
La catástrofe actual está ligada a la traición política de larga data de la clase obrera cubana e internacional por parte de las tendencias revisionistas que abandonaron la lucha para construir una dirección trotskista independiente y, en cambio, elogiaron a las guerrillas y los movimientos nacionalistas pequeñoburgueses como el de Castro como sustitutos de la construcción de la Cuarta Internacional en la clase obrera.
La única perspectiva viable es la reactivación de la lucha por la revolución socialista mundial bajo la dirección del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, basada en una asimilación consciente de estas experiencias históricas. Los trabajadores y jóvenes cubanos deben romper con todas las facciones burguesas y pequeñoburguesas, oponerse tanto al estrangulamiento imperialista como al impulso interno para consolidar una capa burguesa compradora, y vincular su lucha con la de los trabajadores en los Estados Unidos, América Latina y en todo el mundo para poner fin al sistema capitalista.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de febrero de 2026)
